Guía para comer bien (y barato) en Bolonia

El restaurante Drogheria della Rosa ocupa el local de una antigua farmacia

A Bolonia, en el ámbito gastronómico, se le conoce como la grassa, es decir: la gorda. Esto nos da una idea de la importancia que se le concede en esta tierra a comer bien y a la excepcional calidad de sus fogones y materias primas. Hay varios platos típicos de la cocina boloñesa, como los tagliatelle al ragú (lo que nosotros llamamos salsa boloñesa), los tortellini in brodo (pasta fresca rellena de carne, servida con caldo de ave), los crescentine (fritura de harina rellena de mortadela o salami) y cómo no, la famosa mortadella de la región, de una calidad extraordinaria y que no tiene nada que ver con ese embutido sospechoso que venden en los supermercados de medio mundo. Además, podremos probar dos manjares italianos clásicos, provenientes de la vecina ciudad de Parma: el prosciutto (jamón) y el queso parmesano, presentes en toda carta de antipasti que se precie.

Comer bien en Bolonia es relativamente fácil y podemos elegir entre un amplio abanico de opciones: desde restaurantes de lujo hasta tiendecitas de pizza al taglio, donde podemos comprar una porción para ir hincándole el diente mientras paseamos. Pero para ir sobre seguro, toma nota de algunos de los sitios favoritos de los boloñeses.

Sitios para darnos un homenaje

Si tenemos presupuesto y queremos darnos un homenaje, hay algunos sitios que harán nuestras delicias en Bolonia. Uno de ellos es el clásico Diana (Via Independenza, 24), situado en el corazón comercial de la ciudad , famoso por sus tortellini in brodo y su pasta elaborada artesanalmente. Al final, salir en todas las guías se paga caro. Otro restaurante de calidad es Al Pappagallo (Piazza della Mercanzia, 3), a dos pasos de la Piazza Maggiore, donde combinan la cocina tradicional de la región con un toque de creatividad. En ambos deberemos rascarnos el bolsillo.

Otro de los sitios donde podemos comer de lujo es All'Osteria Bottega (Via Santa Caterina, 51), cerca de Porta Saragozza. Su relación calidad-precio es sobresaliente. En esta taberna sencilla y acogedora, sobre cuya barra hay una preciosa máquina Berkel de embutir, podremos degustar recetas tradicionales con la seguridad de que los ingredientes son de calidad. De hecho, en su carta, aparecen los proveedores, muchos de ellos asociados al movimiento Slow Food.

Otra opción para comer muy bien en Bolonia es La Capriata (Corte Isolani, 1) situado en el pasaje que comunica la Piazza Santo Stefano con la Strada Maggiore. Al igual que Diana y Pappagallo, se trata de un local donde podremos probar la cocina clásica italiana con un toque extra de calidad. Una opcón más económica es el restaurante Serghei (Via Piella, 12), que lleva desde 1967 elaborando la pasta artesanalmente. Son legendarios sus tortellini de espinacas y ricotta, así como el coniglio arrosto (conejo asado a fuego muy lento).

Bueno, bonito y barato

Con un presupuesto más ajustado se puede comer igualmente bien en Bolonia, pues hay un montón de alternativas económicas para degustar la auténtica cocina italiana sin renunciar a la calidad. Una de ellas es Osteria dell'Orsa (Via Mentana, 1), en pleno centro de la ciudad, muy cerca de Via Zamboni. Se sirve comida durante todo el día y tiene dos plantas. Muchas de sus mesas son de banco corrido, por lo que comeremos al lado de gente a la que no habremos visto jamás, lo cual es una suerte si queremos practicar nuestro italiano.

Tampoco puede faltar una visita a la Trattoria Del Rosso (Via Augusto Righi, 30), en una travesía de la Via Independenza (cerca de la Nutelleria). Allí podremos probar a precios populares algunas de las especialidades que tanta fama le han dado a Bolonia: cotoletta (carne empanada), crescentine (empanadillas rellenas de fiambre), ossobuco. sin dejar de lado la pasta fresca, omnipresentes en cualquier menú boloñés. Cosas a tener en cuenta: en Italia se come antes que en España. La hora de la comida se sitúa entorno a las una, y la de la cena sobre la ocho. Además, en muchos restaurantes nos cobrarán un concepto llamado coperto. Esto es ni más ni menos que el servicio. Normalmente el coperto viene acompañado de algún pequeño entrante o un cestillo de pan.

El aperitivo

Y dejamos para el final una de las costumbres gastronómicas más arraigadas en Bolonia: el aperitivo. Al contrario de lo que podríamos pensar, no es el típico picoteo de antes de la comida, sino una cena temprana, con la peculiaridad de que sólo se paga por la bebida.

A eso de las siete de la tarde, la mayoría de locales de la ciudad, colocan unas mesas donde sirven todo tipo de platos, más o menos elaborados: pizzas, carnes, ensaladas, pasta, fiambres. Y sólo tenemos que llenar el plato con lo que más nos plazca. Esta es una opción muy utilizada por los jóvenes (no olvidemos que Bolonia es una ciudad universitaria) para cenar bien y por poco dinero. Al caer la noche, la gente se reúne a tomar el aperitivo y la ciudad bulle con las conversaciones y el humo de las cocinas. Hay que decir que a la hora del aperitivo, las bebidas cuestan un poco más caras que durante el resto del día, pero ese incremento de precio está más que compensado si tenemos en cuenta que no pagaremos por la comida.

Normalmente, a la hora del aperitivo se toma cerveza o vino blanco, aunque si queremos pasar por italianos, lo que pediremos será un Spritz (cocktail elaborado a base de Campari, Aperol o Cynar, a los que se añade soda y vino blanco). Hay un clásico del aperitivo boloñés, que se encuentra en la calle universitaria por excelencia (Via Zamboni), a dos pasos (literales) de las Dos Torres, y es el Caffè Zamboni. Este es uno de los aperitivi con más variedad y calidad de la ciudad. Es legendario su gigantesco queso parmesano, colocado en medio del local, del que la gente va arrancando pedazos con una cuña metálica, como si se sirvieran de una enorme fuente.

Otro de los lugares preferidos por los boloñeses para aperitivo es el Zanarini (Piazza Galvani, 1) a espaldas de la catedral, y a dos pasos de la exclusiva Piazza Cavour. En esté café, podremos degustar platos más elaborados que en el resto de locales de la ciudad, eso sí, el precio también es un poco más elevado.

Helados y ultramarinos

Después de comer o cenar, los italianos son aficionados a tomarse un helado (presumen de elaborar los mejores del mundo). Los helados italianos son más cremosos que los que se pueden degustar en el resto del planeta, y por eso mismo parece que están menos fríos. Hay dos locales que los más golosos no deben perderse: Gelateria Gianni (Via Montegrappa, 11) y Sorbetteria Castiglione (Via Castiglione, 44). La variedad de sabores es realmente sorprendente.

Y por último, una recomendación: si nos ha gustado la gastronomía boloñesa, quizás queramos llevarnos a casa alguno de los productos locales que tan buenos ratos nos han hecho pasar. Entonces se hace imprescindible una visita a A.F Tamburini (Via Caprarie, 1), a un minuto de las dos torres. Este local es un clásico de la ciudad en cuanto a productos de calidad se refiere: queso, vino, embutidos, pasta fresca y, sobre todo, mortadela.

¿Una guía de Bolonia?

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